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Ya
en el trono con diecisiete años, la reina Cleópatra
se destacaba por la vanidad excesiva y por la gran
preocupación con el lujo de la corte. De entre
tantas costumbres exibicionistas, la seductora y astuta
reina se adornava con joyas de oro, diamante, esmeralda,
zafiro y rubí, regaladas por parientes y amigos
o especialmente encomendadas a los artesanos de la
región. De tan amada en el antiguo Egipto por
la actividad fertilizadora en los márgenes
del Río Nilo, la lombriz recibió de
la reina |